Agustí Villaronga: director encuentra a poeta

Durante el año 1986 se estrenaban en la gran pantalla “Blue Velvet”, de David Lynch, y “The Fly”, de David Cronenberg; acontecimientos que de algún modo podríamos vincular al autor de “Tras el cristal”, primer largometraje que dirigió el mallorquín Agustí Villaronga y que se presentó en la sección oficial del Festival de Berlín hace ya veinte años. Los dos directores mencionados son una referencia reconocida públicamente por Villaronga, y en “Tras el cristal” ya se vislumbraban los inquietantes juegos de crueldad, los traumas juveniles y los personajes heridos muy asociados a su obra. De inmediato, Villaronga se reveló como un autor poseedor de mirada turbulenta y pujante pulso narrativo, y su firme acercamiento al tema de la muerte le ha ido confiriendo la condición de -por así decirlo- tanatólogo lírico, cobrando por el camino cierta aura de malditismo. Repasando su filmografía, y en referencia a la evolución de su cine a lo largo de todo este tiempo, Villaronga comenta: «Hoy veo mi cine un poco más humano. Ha incorporado cosas como más tranquilas, hay más humanidad, más amabilidad. Continúa hablando de temas extraños, pero de manera menos torturada».

A pesar de ser un director tan irremediablemente personal, Villaronga ha facturado dos películas de encargo (“El Pasajero clandestino” y “99.9”) y también ha dirigido en equipo (“Aro Tolbukhin”), junto a Lydia Zimmerman e Isaac P. Racine: «Es un ejercicio práctico, es decir, puramente de trabajo. Al ser de encargo, “99.9” es la película en la que me lo pasé mejor. Producción ya marcaba muchos aspectos, e intenté hacer el mejor trabajo posible sin la carga tan grande de ser el único responsable de todo, pero no te puedes implicar tanto. En cuanto a trabajar en equipo, es difícil. Para empezar, el trabajo en el cine es una labor en equipo en sí mismo, porque hay unas funciones muy delimitadas. Hay cuestiones muy subjetivas y tomar decisiones se vuelve muy complicado. Hace falta mucha serenidad y mucha generosidad». Un trabajo reciente del premiado director de “El Mar” es el documental sobre el poeta de Felanitx Miquel Bauçà, interpretado por el actor Pep Tosar y en el que se trenzan entrevistas y ficción. Villaronga, que rodó el documental “Al Andalus” en 1992, reconoce que dicho género es su predilecto después del cine fantástico: «La cuestión es llegar al espectador por la cabeza o el corazón, pero llegar a él, y eso requiere un esfuerzo enorme por lo que quieres comunicar».

Finalmente, hablamos de su actual proyecto fílmico -que de nuevo tiene relación con la literatura y está realizando en Madrid- acerca del poeta Gil de Biedma: «Es una película de época, de los 60-70, la época de la Gauche Divine. Estamos acabando el guión ahora, y ya hemos empezado a hacer pruebas. Es muy difícil e importante encontrar el personaje principal que es Gil de Biedma. Tengo muchísimos nombres y se ha hablado de muchísima gente, porque es gente realmente conocida, pero igual el protagonista acaba siendo un desconocido».

Sea cual sea ese buscado actor-poeta, el retrato no defraudará. Villaronga es un director capaz de elaborar un discurso impactante, pero también de generar una belleza nacida de la capacidad de riesgo de un cine diferente que tanto se echa en falta en el rancio panorama nacional.

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texto Dani Nicolau
para “DP”
abril-mayo 2006