La ACIB cumple ocho años

La Asociación de Cineastas de las Islas Baleares (ACIB) cumple el 24 de enero de 2014 su octavo aniversario. Desde su fundación, este grupo integrado por profesionales del sector audiovisual del archipiélago ha crecido y se ha transformado para adaptarse a los cambios de cada momento.

El año pasado, con motivo del séptimo aniversario, la revista “Enki” publicó un reportaje sobre la ACIB, en el que algunos de sus miembros hacían un repaso de la historia de la agrupación y exponían su visión de la situación del cine balear, un artículo que reproducimos a continuación.

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Siete años de unión frente a la crisis eterna del cine

La Asociación de Cineastas de las Islas Baleares (ACIB) cumple siete años el 24 de enero de 2013, un periodo en el que se han conseguido éxitos relevantes, entre los que se encuentran los 17 goyas obtenidos por películas dirigidas por dos de sus miembros, Agustí Villaronga y Daniel Monzón, pero en el que sus reivindicaciones frente a las instituciones han tenido escasa repercusión.

Sergio Hernández, miembro de esta agrupación y colaborador de ENKI, repasa en el siguiente reportaje el bagaje de un colectivo acostumbrado a convivir con la crisis, en un artículo que, a pesar de no ser objetivo por razones obvias, aspira a ser un amplio muestrario de las sensibilidades de los profesionales del sector audiovisual del archipiélago.

La ACIB fue fundada a principios de 2006 por iniciativa de su primer presidente, Luis Ortas, productor y director de cortometrajes y documentales, que tras un periodo en el extranjero sentía la necesidad de compartir inquietudes con otros compañeros de gremio de las islas cuyas vocaciones estuvieran enfocadas en la creación cinematográfica. Sabía de la existencia de figuras consolidadas, como Agustí Villaronga, o de jóvenes prometedores, como Toni Bestard, a los que convenció para sumarse al proyecto. «Me sentía muy desconectado de lo que estaba pasando en las Baleares», explica Ortas, quien comenta que conocía el trabajo de algunos de sus colegas, pero echaba en falta «un punto de unión entre todos» que aumentara la «visibilidad» del sector cinematográfico autonómico.

El primer objetivo pretendido por Ortas parece haberse conseguido a juzgar por las respuestas de la mayoría de entrevistados para este artículo, que suelen citar la cohesión obtenida por los profesionales audiovisuales como el mayor mérito de la asociación. Quien lo explica de una manera más gráfica es Cesc Mulet, de la productora La Periférica, un experimentado profesional que cuenta en su filmografía con trabajos junto a directores como Álex de la Iglesia o Enrique Urbizu y que apunta con socarronería: «La ACIB sirve para conjuntar esfuerzos, dinamizar inquietudes, elevar el ánimo, tomarse unas copas, vernos las caras y no sufrir en silencio».

El «sufrimiento» al que se refiere Mulet es el consustancial al de cualquier persona que se quiera dedicar al cine, un camino especialmente difícil en la España de hoy, cuyo sistema de producción vive una transición hacia lo desconocido después de que se haya emprendido el desmantelamiento del sistema público de ayudas sin que haya sido sustituido por una alternativa. Es lo que el actual presidente de ACIB, Nofre Moyà, describe como «comenzar la casa por el tejado». Moyà, que relevó en el cargo a Luis Ortas en marzo de 2010, cuestiona de este modo la política del actual Ministerio de Cultura, que ha recortado severamente las subvenciones sin tener preparado un proyecto de ley de mecenazgo eficiente, ni una política de incentivos fiscales atractiva para el inversor privado.

El perfecto desconocido

A estas dificultades generales, se unen las propias de una Comunidad Autónoma, en la que a pesar de haber sido agraciados con «la lotería», en palabras de Mulet, de tener unas localizaciones idóneas para el cine y directores de talento, ni los empresarios, ni los políticos locales se han mostrado interesados en apoyar ni la industria, ni la manifestación artística que es el cine. Al respecto, recuerda los dificultosos procesos de financiación de “yo” (2007), primer largometraje de Rafa Cortés, en el que Mulet ejerció de productor ejecutivo, y de “El perfecto desconocido” (2011), de Toni Bestard.

Este último considera que la relación entre la ACIB y las administraciones públicas en sus siete años de existencia ha estado marcada por «altibajos», en los que ha habido más sombras que luces, ya que los pocos pactos con las instituciones conseguidos han durado menos tiempo del previsto. «Esa parte ha sido muy dura», expone Bestard, quien pese a todo valora la visibilidad obtenida por el colectivo ante la opinión pública y los medios de comunicación gracias a haber constituido «una asociación fuerte», con influencia en la industria audiovisual autóctona.

Escasa representación femenina

En la actualidad, la ACIB está integrada por 49 miembros, de los que solamente ocho son mujeres, y aunque cuenta con representantes de las cuatro islas, la mayoría de su actividad e integrantes se ubican en Mallorca. Para la directora y crítica de cine menorquina Anna Petrus estos factores se explican por razones que transcienden a la asociación. La realizadora, que anima «a todas las cineastas escondidas» de Baleares a que salgan a rodar y a enseñar su obra, opina que la escasa representación femenina en esta agrupación está relacionada con el hecho de que en la historia del cine ha habido menos mujeres que hombres con un papel relevante. Por otra parte, califica de «mal endémico» de la Comunidad Autónoma la dificultad de mantener una unidad de acción en todo el archipiélago en cualquier tipo de actividad, debido a la separación física entre islas, aunque puntualiza que, individualmente, como menorquina, se siente «bien representada» por la ACIB.

La mayoría de los entrevistados destaca que los puntos fuertes de la asociación son su buena comunicación interna, canalizada por un grupo de correo electrónico colectivo, y la visibilidad que le da de cara al exterior su atractivo portal web, coordinado por el también director Joan Carles Martorell. De hecho, uno de los socios más recientes de este grupo, Marcos Cabotá, codirector junto a Borja Manso de “Amigos” –largometraje protagonizado por Ernesto Alterio, Diego Martín y Goya Toledo–, afirma que supo de la existencia del grupo por medio de su plataforma en internet. Confiesa, asimismo, que apenas conocía la actividad de ACIB y a sus integrantes antes de afiliarse, pero que gracias a su pertenencia a la asociación ha puesto en pie un nuevo proyecto en colaboración con otro cineasta balear, Toni Bestard. Ambos preparan un documental cuyo contenido se resisten a desvelar. Otros integrantes de la agrupación, sin embargo, se muestran autocríticos. Toni Nievas, uno de los directores más inquietos y experimentales del panorama isleño, habitual animador de internet por medio de iniciativas como Menéame de Luxe y responsable de varios largometrajes de bajo presupuesto, define la ACIB como «un grupo de mail y poco más». Nievas subraya que no cuestiona tanto el colectivo como la falta de animación cultural local.

Pa negre

Desde sus inicios, la Asociación de Cineastas de las Islas Baleares cuenta con Agustí Villaronga como presidente de honor, un cargo que aceptó, según explica, por su convicción de que «es muy importante que los cineastas estén hermanados». Daniel Monzón, mallorquín de nacimiento, es también socio de honor desde que en enero de 2010 la ACIB le tributara un homenaje por los méritos obtenidos a lo largo de su carrera como director, guionista y crítico de cine. Ambos son los grandes triunfadores de las dos últimas ediciones de los premios Goya. “Celda 211” (2009), de Monzón, consiguió ocho estatuillas y “Pa Negre” (2010), de Villaronga, nueve. Las dos fueron consideradas las mejores películas españolas de su año y los dos cineastas obtuvieron el premio al mejor director. Son solo una muestra de una larga cantidad de galardones cosechados por ambos filmes y sus realizadores, que en el caso de Villaronga se remonta al comienzo de su trayectoria filmográfica, con un impactante debut en el largometraje con “Tras el cristal” (1987).

Los rodajes extranjeros y la industria local

En 2007, Rafa Cortés también obtuvo un importante reconocimiento internacional con su ópera prima, “yo”, que consiguió, entre otros premios, el de Revelación del Año de la Federación Internacional de Críticos de Cine (Fipresci), lo que le llevó a ser proyectada en la Semana Internacional de la Crítica del Festival de Cannes de ese año. Para Cortés, que se encuentra inmerso en la preparación de su segundo largometraje como director –cuyo guion escribe junto al Michel Gaztambide, ganador de un Goya por “No habrá paz para los malvados”–, «la situación del cine en Baleares es lamentable», pues, según argumenta, es una Comunidad que «siempre ha estado a la cola del país» en el apoyo que ha dado a este sector.

«Creo que, igual que hacemos en otros campos, el único movimiento audiovisual que parece tener sentido para mucha gente es aquel que permite que otra gente venga a rodar a nuestras islas y no tanto que valoremos lo que tenemos», asevera Cortés, quien añade: «Eso nos pasa también en otros aspectos como el turismo o incluso en el desarrollo inmobiliario. Es una actitud que tienen las Baleares de servilismo, antes que de construir algo propio. Estamos trabajando para los demás, en lugar de trabajar para nosotros».

yo

Toni Bestard cree, sin embargo, que el cine en Baleares «ha visto la luz al final del túnel» gracias al «buen trabajo» de la Mallorca Film Commission que ha propiciado el interés de empresas extranjeras por rodar en la isla, lo que a su juicio «abrirá puertas» en un sector muy necesitado de actividad. De hecho, enuncia que este factor es fundamental para el porvenir del cine en el archipiélago, ya que en su opinión el futuro pasa por «la producción de películas de bajo coste en Mallorca con un sello de autor», utilizando a equipos de profesionales formados en «una industria cinematográfica muy potente», creada a partir de esos rodajes foráneos de grandes presupuestos. Bestard –dos veces candidato al Goya por sendos cortometrajes– vaticina que si no se consigue esa estabilidad laboral del personal técnico local, los autores isleños tendrán que volver a marcharse de Baleares para hacer sus películas.

Hacia un nuevo modelo

Joan Carles Martorell, experto en nuevos formatos, hace una reflexión más amplia sobre la transición que vive el cine como manifestación cultural y la manera en la que puede evolucionar. A juicio de Martorell, en los últimos años el cine ha perdido su «hegemonía» como oferta de entretenimiento frente a la pujanza de otras opciones como la potente industria de los videojuegos, la renovación prestigiosa de la televisión y el marco infinito de contenidos que constituye internet. Por eso los cineastas disponen ahora de menos recursos, han perdido proyección pública y, además, deben enfrentarse a una audiencia más avezada. Todo ello constituye «un reto», cuya resolución supone una incógnita para Martorell, aunque aventura que esa mayor exigencia puede derivar en la adopción de un discurso narrativo más especializado y «ambicioso» por parte de los creadores cinematográficos, aunque hoy por hoy estén desconcertados.

Para Martorell el papel de internet como una vía para transformar la industria audiovisual se empieza a demostrar con iniciativas como las de producir contenido de alta calidad para ser exhibido directamente en plataformas web, como es el caso de “House of Cards”, una serie de David Fincher –director entre otros filmes de “Seven”, “Zodiac” y “La Red Social”–, protagonizada por Kevin Spacey, que será estrenada directamente el 1 de febrero en el portal estadounidense Netflix. Martorell considera que los cineastas baleares deben adaptarse a este contexto cambiante. «Nunca lo hemos tenido fácil», señala. «Pero lo que ha cambiado», advierte, «es que producir es más barato que nunca», por lo que alcanzar notoriedad «es una cuestión de talento» y no solamente de disponer de los medios para rodar.

Toni Nievas

«El futuro está en las plataformas de internet, no hay más futuro, y el que no se quiera dar cuenta de eso está totalmente acabado», sentencia Nievas, quien cree que «el cine en España está muerto desde hace diez años» y que la oferta tiende a polarizarse en superproducciones hollywoodienses o en películas muy baratas que puedan exhibirse en la red. «La gente no va el cine», apostilla con amargura el director, quien lamenta un fenómeno que extiende al conjunto de la oferta cultural, en declive, según expone, frente a los programas televisivos de gran audiencia. De hecho, Nievas trabaja en su tercer largometraje, “Como todas las mañanas”, con el objetivo de estrenarlo directamente en internet, como los dos anteriores, “Deshielo” (2008) y el inacabado “Domingueros”. El director financia la película por medio del micromecenazgo, una opción por la que cada vez se decantan más cineastas.

Rafa Cortés también prepara un proyecto concebido directamente para internet, “This is the Name”, que define como una mezcla de formatos. Se trata, según explica, de «contar historias desde un punto de vista cinematográfico» con una adaptación al «ritmo» y la «sensibilidad» que requiere un medio como la red. «Internet y el cine se pueden llevar bien», apunta el director de yo, como contraste a la idea predominante de que «el cine está siendo destrozado por internet».

Otra de estas producciones es la webserie “Mallorca Souvenir”, incluida en un proyecto transmedia, codirigido por Luis Ortas y Joan Carles Martorell, que comprende, además, un concurso de relatos, una galería virtual fotográfica y una muestra de vídeos musicales, y que se estrenará próximamente.

La red, por tanto, se ha convertido en una opción más para la difusión de las obras de los creadores audiovisuales de las islas, una tendencia generalizada internacionalmente, tanto como el micromecenazgo o crowfunding, para la financiación de las producciones audiovisuales.

«Estamos en una época de transición», reitera Ortas, quien señala que no se trata solamente del paso de la imagen analógica a la digital, sino también de la evolución de los sistemas de producción y distribución. «Es un cambio tan grande que es normal que haya una crisis», declara. El impulsor de la ACIB, que recuerda la doble naturaleza del cine, empresarial y artística, agrega que «el cine como industria siempre está en crisis», porque no se puede crear un prototipo de producto que vaya a funcionar siempre, como ocurre en otros sectores económicos. Sin embargo, considera que esta transformación tanto del modelo de negocio como de la concepción creativa ha permitido un mayor acceso a la creación cinematográfica, frente a su condición «elitista» del pasado.

Sergio Hernández