14 enero 2010

Álex Marín, la ficción interior

Álex Marín, la ficción interior

Crónica de Perico Gual sobre el estreno de "Els somnis d’en B" de Àlex Marín

En el principio estaba Eva, la explosión plástica. Antes no había nada, tal vez sueño. Sueño en los párpados entornados de Àlex Marín. Sueño por dirigir películas. El año pasado este joven director debutaba en la realización con el corto "Eva Boom o la explosión plástica". Un año después nos presenta su segundo trabajo, un mediometraje inspirado libremente en la obra "Somnis" del poeta mallorquín Miquel Bauzà.

Con el título "Els somnis d’en B" Àlex Marín nos sumerge en la extrañeza de un futuro desolado, en donde el ser humano ha perdido el don de la palabra en pos de una vida mental, dedicada íntegramente a los sueños, que por gracia de unas máquinas portátiles, las personas pueden recrear a voluntad. El actor protagonista, Hilari de Cara, vagabundo de una tierra abandonada a esa modorra virtual, se debate entre la adicción hacia su reproductor de sueños y el mundo real, al que de alguna forma continua unido.

Curiosamente el director, aun asumiendo plenamente un clásico argumento ciberpunk sobre sociedades distópicas, desnuda la película de cualquier efectismo futurista. En su natural tendencia a la ensoñación, Marín prefiere la introspección y aprovecha ese punto de partida para guiarnos al otro lado de la madriguera de conejo, en un viaje alegórico, donde la naturaleza, el mar y la tierra magnifican su perturbadora presencia. Un mapa metafórico hilvanado a base de hipnóticos retales, parábolas independientes, en mitad de las cuales el protagonista, como un cartógrafo de la ausencia, explora los confines del lenguaje en el ocaso de una época.

La comunicación, como frontera crepuscular entre la memoria y el progreso, es el desencadenante de una historia levemente insinuada, expresamente dispersa y llena de elipsis. En un argumento cuyo centro de gravedad se traslada, sin previo aviso, de lo real a lo simbólico, el perplejo espectador acompaña al protagonista en su deriva narcótica, asimilando su confusión. Hilari de Cara, como punto de anclaje narrativo, sirve de guía al propio espectador, en busca de infructuosas respuestas. En una zona incierta, donde la palabra ha sido enterrada, Hilari de Cara es responsable del curso de una sociedad al borde del hundimiento. Allá donde se pierde su mirada cansada, el horizonte se revuelve presagiando su erupción fuera de plano. Las grietas parecen abrirse sin llegar a entrar en pantalla, y en la quietud de las escenas apenas percibimos su rumor. El sigiloso advenimiento del nuevo hombre. El temblor de aquello que está por venir palpita más allá de aquel mundo adormecido en el olvido, donde la palabra ha sido robada por el sueño… o la pesadilla. El conflicto de Hilari de Cara, transido entre el nihilismo de una era y su compromiso a la tierra, es herencia involuntaria de la hipertrofia tecnológica y los siniestros avatares que emergen de ella. El protagonista, héroe a la fuerza, se nos presenta como el último hombre, al mismo tiempo turista psicodélico que hermeneuta onírico, intérprete y fiscal del fin de la historia.

Tras este segundo Apocalypse New Wave, cualquier tercero es posible. 2010 como año profético para este nuevo amanecer del hombre. El despertar de un director con los ojos ampliamente cerrados. Medianoche en los párpados de Àlex Marín. De nuevo el sueño. El sueño de rodar. De rodar Godard.

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